Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Un libro estaba abierto en el antepecho de la ventana ante ella y el viento, apenas perceptible, hacía revolotear sus hojas a intervalos. Creo que Linton lo había dejado allí, pues ella nunca trataba de distraerse leyendo, ni con ocupación de ningún género, y él pasaba muchas horas tratando de atraer su atención hacia temas que antes la habían divertido. Ella era consciente de su intención, y en los momentos de mejor humor soportaba sus esfuerzos plácidamente, sólo mostraba su inutilidad de vez en cuando, reprimiendo un hastiado suspiro, y deteniéndole al fin con los besos y sonrisas más tristes. Otras veces se volvía enfurruñada y se tapaba la cara con las manos y hasta le empujaba airadamente, y entonces él tenía cuidado de dejarla sola, porque estaba seguro de que no le hacía bien.