Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Heathcliff habÃa hincado una rodilla para abrazarla, intentó levantarse, pero ella le cogió por el pelo y le mantuvo asÃ.
—Ojalá pudiera retenerte —continuó con amargura— hasta que estuviéramos los dos muertos. No me importarÃa lo que sufrieras. No me importan tus sufrimientos. ¿Por qué no habÃas de sufrir? Yo sufro. ¿Me olvidarás? ¿Serás feliz cuando yo esté bajo tierra? Dentro de veinte años dirás: «Ésta es la tumba de Catherine Earnshaw. La amé hace mucho tiempo y me destrozó perderla, pero pasó. He amado a muchas otras desde entonces. Mis hijos me son más queridos que lo fue ella y, cuando me muera, no me alegraré de ir hacia ella, lamentaré dejarles a ellos». ¿Dirás eso, Heathcliff?
—No me atormentes hasta que me vuelva tan loco con tú —gritó, liberando la cabeza y haciendo rechinar los dientes.