Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas En su impaciencia se levantó y se apoyó en el brazo del sillón. A ese serio llamamiento Heathcliff se volvió hacia ella con aspecto absolutamente desesperado. Sus ojos muy abiertos, y húmedos al fin, centellearon ferozmente sobre ella y su pecho se hinchaba convulsivamente. Un instante estuvieron separados y luego, cómo se juntaron apenas lo vi, pero Catherine dio un salto y él la cogió, quedando unidos en un abrazo del que pensé que mi ama no saldría con vida. De hecho, a mis ojos, parecía ya insensible. Él se dejó caer en el asiento más próximo y al acercarme precipitadamente para asegurarme de que Catherine se había desmayado, me rechinó los dientes, echó espumarajos como un perro rabioso y la atrajo hacia sí con celosa avidez. No me pareció estar en compañía de una criatura de mi misma especie. Daba la impresión de que no me entendería aunque le hablara, así pues me aparté y guardé silencio completamente desconcertada.
Al poco un movimiento de Catherine me tranquilizó algo. Levantó la mano para coger el cuello de Heathcliff y acercar su mejilla a la de él, mientras Heathcliff la sujetaba y, a su vez, la cubría de frenéticas caricias, diciendo como un loco: