Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Quedaron en silencio… los rostros ocultos uno contra otro y bañados por las lágrimas de los dos. Al menos supongo que el llanto era por ambas partes, pues, al parecer, Heathcliff sà podÃa llorar en una gran ocasión como ésta.
Mientras tanto me sentÃa cada vez más intranquila, pues la tarde pasaba rápidamente, el hombre que habÃa enviado al pueblo habÃa vuelto de su recado y pude distinguir a la luz del sol poniente, valle arriba, una multitud que se agolpaba en el pórtico de la capilla de Gimmerton.
—El servicio religioso ha terminado —anuncié—. El señor estará aquà dentro de media hora.
Heathcliff gruñó una maldición y estrechó aún más a Catherine. Ella no se movió.
Poco después vi a un grupo de criados pasar por el camino hacia el ala de la cocina. El señor Linton no venÃa muy detrás. Abrió él mismo la verja y se acercaba despacio, probablemente disfrutando de la encantadora tarde, tan suave como de verano.
—Ya está aquà —exclamé—. ¡Por Dios, baje deprisa! No encontrará a nadie en la escalera principal. Dese prisa y quédese entre los árboles hasta que él haya entrado.