Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Hacia las doce de aquella noche nació la Catherine que usted vio en Cumbres Borrascosas, una niña sietemesina y enfermiza, y dos horas después moría la madre, sin haber recuperado la conciencia suficiente para echar de menos a Heathcliff o reconocer a Edgar. El desconsuelo de este último por su pérdida es un asunto demasiado penoso para detenernos en él, sus efectos posteriores demostraron lo profundo que había calado. A esto se añadía algo importante, para mí, el hecho de que había quedado sin heredero. Lo deploraba yo al contemplar a la débil huérfana y mentalmente reprochaba al viejo Linton el haber legado su hacienda a su hija (lo que no era más que una parcialidad natural) en lugar de a su hijo. ¡No fue bien recibida la niña, pobrecilla! Durante aquellas primeras horas de su existencia, podía haber llorado hasta morir y a nadie le hubiera importado. Compensamos luego ese abandono, pero su principio fue tan desamparado como será probablemente su fin.
