Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —La vi por la mañana —respondió—. Me pidió que le cortara una vara de avellano, luego saltó en su poni el seto por allÃ, donde está más bajo, y se perdió de vista al galope.
Puede imaginarse lo que sentà al oÃr esta noticia. Se me ocurrió de inmediato que debÃa de haberse dirigido al Risco de Penistone.
—¿Qué será de ella? —exclamé, pasando por un hueco que el hombre estaba reparando y dirigiéndome directamente al camino. Anduve, como si fuera a ganar una apuesta, milla tras milla, hasta que un recodo del camino me puso a la vista de las Cumbres, pero a Catherine no la veÃa ni lejos ni cerca.
El Risco está como milla y media más allá de la casa de Heathcliff, lo que hacen cuatro desde la Granja, asà que empecé a temer que cayera la noche antes de que pudiera llegar allÃ. «¿Y si se ha resbalado tratando de escalarlos? —pensé—. ¿Y si se ha matado o roto algún hueso?». Mi incertidumbre era realmente penosa, asà que al principio me hizo sentir un agradable alivio observar, cuando pasaba apresuradamente junto a las Cumbres, que Charlie, el más fiero de los pointers, yacÃa bajo una ventana, con la cabeza hinchada y sangrándole una oreja. Abrà el portillo y corrà a la puerta golpeándola con vehemencia para que me abrieran. Una mujer a quien conocÃa y que antes vivÃa en Gimmerton, abrió la puerta. Estaba allà de criada desde la muerte del señor Earnshaw.