Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas »—No lo sé —respondió—. Pero ¿qué quiere decir? ¿Se atrevió a golpearme cuando estaba sin sentido?
»—Le pisoteó, le pateó, y le arrastró por el suelo —le susurré—. Y se le hacÃa la boca agua de ganas de desgarrarlo con los dientes, porque sólo es mitad hombre… bueno, ni la mitad.
»El señor Earnshaw alzó la mirada, como yo, al semblante de nuestro común enemigo, quien, absorto en su angustia, parecÃa insensible a todo lo que le rodeaba. Cuanto más tiempo seguÃa asà más claramente reflejaban sus facciones lo siniestro de sus pensamientos.
»—¡Oh, si Dios me diera fuerzas para estrangularle en mi último suspiro, irÃa al infierno contento! —gimió, impaciente, esforzándose por levantarse y cayendo de nuevo desesperado, convencido de su incapacidad para la lucha.
»—No, ya es bastante que haya matado a uno de ustedes —observé en voz alta—. En la Granja todo el mundo sabe que su hermana seguirÃa viviendo si no hubiera sido por el señor Heathcliff. Después de todo, es mejor ser odiado que amado por él. Cuando recuerdo lo felices que éramos… lo feliz que era Catherine antes de que llegara él… me dan ganas de maldecir aquel dÃa.