Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —En general concedo que asà sea, Ellen —continuó—. Pero ¿qué desgracia sobrevenida a Heathcliff podrÃa contentarme a menos que yo tuviera parte en ella? PreferirÃa que sufriera menos con tal de ser yo la causa de sus sufrimientos y que él supiera que lo soy. ¡Oh, le debo tanto! Sólo con una condición puedo tener la esperanza de perdonarle, y es que me pague ojo por ojo, diente por diente, por cada dolor devolverle otro dolor: reducirle a mi nivel. Como fue el primero en injuriarme, hacer que sea el primero en implorar perdón. Y entonces… bueno, entonces, Ellen, yo podrÃa mostrar alguna generosidad. Pero como es absolutamente imposible que yo me pueda vengar, por tanto no puedo perdonarle.
»Hindley querÃa agua, le di un vaso y le pregunté cómo estaba.
»—No tan mal como quisiera —respondió—. ¡Pero dejando aparte mi brazo, cada pulgada del cuerpo me duele como si hubiera estado luchando con una legión de diablos!
»—SÃ, no me extraña —fue mi siguiente observación—. Catherine solÃa jactarse de que ella se interponÃa entre usted y el daño fÃsico queriendo decir que ciertas personas no le harÃan daño por miedo a ofenderla. Bien está que los muertos no se levanten realmente de sus tumbas, de lo contrario anoche pudiera haber presenciado una escena repulsiva. ¿No está magullado y con cortes en el pecho y en los hombros?