Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —No, ese hombre no es mi hijo —contestó Heathcliff echándome a un lado—. Pero tengo uno al que también ha visto antes y, aunque su ama tiene prisa, creo que tanto a usted como a ella les vendrÃa bien descansar un poco. Si quiere, con dar la vuelta a ese montÃculo de brezos estará en mi casa. Tendrá una amable acogida y llegará antes a casa gracias al descanso.
Susurré a Catherine que no debÃa, bajo ningún concepto, acceder a aquella invitación. Era totalmente improcedente.
—¿Por qué? —preguntó en voz alta—. Estoy cansada de correr y el suelo está cubierto de rocÃo, no puedo sentarme aquÃ. Vayamos, Ellen. Además dice que he visto a su hijo. Creo que está equivocado, pero me imagino dónde vive, en la granja que visité viniendo del Risco de Penistone, ¿verdad?
—Eso es. Vamos, Nelly, cállate la boca. Será un placer para ella hacernos una visita. Hareton, adelántate con la niña. Tú irás conmigo, Nelly.
—No, ella no irá a semejante sitio —grite, luchando por soltar el brazo del que me habÃa cogido. Pero ella, dando la vuelta a la cima a toda velocidad, estaba ya casi en el umbral. El compañero que la asignó ni siquiera pretendió escoltarla, se escurrió por un lado del camino y desapareció.