Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas HabÃan sorprendido a Catherine en el acto de saquear, o al menos de ir en busca de nidos de perdices. Las Cumbres eran propiedad de Heathcliff y estaba reprendiendo a la cazadora furtiva.
—Ni he cogido ni he encontrado ninguno —decÃa ella, extendiendo sus manos para corroborar su afirmación mientras yo me esforzaba en llegar hasta ellos—. No pensaba cogerlos, pero papá me dijo que habÃa muchÃsimos aquà arriba y yo querÃa ver los huevos.
Heathcliff me miró con una sonrisa maligna que daba a entender que la conocÃa y, por consiguiente, la detestaba, y preguntó quién era su «papa».
—El señor Linton, de la Granja de los Tordos —respondió ella—. Pensé que no me conocÃa, de lo contrario no me hubiera hablado asÃ.
—Entonces usted supone que su papá es muy estimado y respetado —dijo sarcásticamente.
—¿Y quién es usted? —preguntó Catherine, mirando con curiosidad al interlocutor—. A ese hombre le he visto antes, ¿es su hijo?
Señaló al otro individuo, a Hareton, que no habÃa cambiado nada, sólo aumentado en fuerza y corpulencia con los dos años más de edad. Aparentaba ser tan torpe y tosco como siempre.
—Señorita Cathy —interrump×. Pronto hará tres horas, y no una, que salimos. Realmente tenemos que volver.