Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —La vi por la mañana —respondió—. Me pidió que le cortara una vara de avellano, luego saltó en su poni el seto por allÃ, donde está más bajo, y se perdió de vista al galope.
Puede imaginarse lo que sentà al oÃr esta noticia. Se me ocurrió de inmediato que debÃa de haberse dirigido al Risco de Penistone.
—¿Qué será de ella? —exclamé, pasando por un hueco que el hombre estaba reparando y dirigiéndome directamente al camino. Anduve, como si fuera a ganar una apuesta, milla tras milla, hasta que un recodo del camino me puso a la vista de las Cumbres, pero a Catherine no la veÃa ni lejos ni cerca.