Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Él se quedó sentado y se acurrucó aún más cerca del fuego. Heathcliff se levantó, fue a la cocina y de allí al patio llamando a Hareton. Éste respondió y al poco entraron los dos. El joven se había estado lavando, según se veía por el brillo de las mejillas y el pelo mojado.
—Oh, quiero hacerle una pregunta, tío —dijo la señorita Cathy, recordando la afirmación del ama de llaves—. Éste no es mi primo, ¿verdad?
—Sí —respondió él—, es sobrino de tu madre. ¿No te gusta?
Catherine pareció desconcertada.
—¿No es un chico guapo? —continuó.
La maleducada criatura se puso de puntillas y susurró algo al oído de Heathcliff. Éste se rió. A Hareton se le ensombreció el semblante. Note que era muy sensible a supuestos desaires y que obvia mente tenía una vaga noción de su inferioridad, pero su amo o tutor, disipó su ceño diciendo:
—¡Serás nuestro favorito, Hareton! Dice que eres… ¿Qué era? Bueno, algo muy halagador. Anda, acompáñala a dar una vuelta por la granja. ¡Y, cuidado, pórtate como un caballero! No digas palabrotas, no te quedes mirándola cuando ella no te mire, y cuando lo haga baja la vista con prontitud. Cuando hables, di tus palabras despacio y no te metas las manos en los bolsillos. Vete y entretenla lo mejor que puedas.