Cumbres Borrascosas

Cumbres Borrascosas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Amarle! —exclamé, con todo el desprecio que pude poner en la palabra—. ¡Amarle! ¿Habrase oído algo semejante? Lo mismo podía yo decir que amo al molinero que viene una vez al año a comprar nuestro grano. ¡Bonito amor, desde luego! ¡]untando las dos veces que ha visto usted a Linton no llegan ni a cuatro horas en toda su vida! Pues aquí está la infantil hojarasca. Me voy con ella a la biblioteca y veremos qué dice su padre de tal amor.

Saltó a sus preciosas epístolas, pero las sujeté por encima de mi cabeza. Se desbordó entonces en frenéticos ruegos para que las quemara o hiciera cualquier cosa antes que enseñarlas. Y como yo tenía más ganas de reírme que de reñirla —pues consideraba todo aquello pura vanidad de muchacha—, al fin cedí un poco y le pregunté:

—Si consiento en quemarlas, ¿me promete de verdad no volver a enviar ni a recibir carta alguna, ni libro (porque me he dado cuenta de que le ha mandado libros), ni rizos de pelo, ni sortijas, ni juguetes?

—No nos mandamos juguetes —exclamó Catherine, dominando su orgullo a su vergüenza.

—Ni nada en absoluto, entonces, señora mía —dije yo—. Si no me lo promete, allá voy.

—¡Lo prometo, Ellen! —gritó ella, cogiéndome del vestido—. ¡Échalas al fuego, échalas, échalas!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker