Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —No me mientes a su madre —dijo el amo enfadado—. Tráele algo que pueda comer, eso es todo. ¿Qué come habitualmente, Nelly?
Sugerà leche hervida o té, y el ama de llaves recibió orden de preparárselo. «Vaya —pensé—, el egoÃsmo del padre puede que contribuya a su bienestar. Se da cuenta de su delicada constitución y de la necesidad de tratarlo razonablemente bien. Consolaré al señor Linton informándole del sesgo que ha tomado el humor del señor Heathcliff». Sin ninguna excusa para entretenerme más tiempo, me escabullà mientras Linton se ocupaba en rechazar tÃmidamente los avances amistosos de un perro pastor. Pero estaba demasiado alerta para que le engañaran. Según cerré la puerta oà un grito y la frenética repetición de las palabras:
—¡No me dejes! ¡No quiero quedarme aquÃ, no quiero quedarme aquÃ!
Luego el picaporte se levantó y cayó. No le dejaron salir. Monté en Minny, la puse al trote, y asà terminó mi breve tutela.