Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Nunca conocà a una criatura tan pusilánime —añadió la mujer—, ni tan puntillosa con su salud. Lo pesado que se pone si dejo la ventana abierta un poco tarde al anochecer: «¡Oh, es mortal! ¡Una ráfaga de aire nocturno!». Y hay que encenderle un fuego en pleno verano, y la pipa de tabaco de Joseph es veneno, y tiene que tener siempre caramelos y golosinas, y siempre leche y más leche… sin importarle que en invierno tengamos que privarnos de ella los demás, y allà está, envuelto en su capa forrada de piel, sentado en su silla junto al fuego, con alguna tostada y agua u otra bazofia en la repisa de la chimenea para sorber, y cuando Hareton, por compasión, se acerca a entretenerle —Hareton, aunque rudo, no es malo—, seguro que se separan uno maldiciendo y el otro llorando. Creo que al amo le encantarÃa que Earnshaw le moliera a palos si no fuera su hijo, y estoy segura de que serÃa capaz de echarle de casa si supiera la mitad de los mimos que le prodiga. Pero claro, no corre el riesgo de la tentación: nunca entra en la salita, y si Linton muestra esos caprichos en la sala, donde está él, le manda arriba inmediatamente.