Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¿Y quién es usted? —preguntó Catherine, mirando con curiosidad al interlocutor—. A ese hombre le he visto antes, ¿es su hijo?
Señaló al otro individuo, a Hareton, que no habÃa cambiado nada, sólo aumentado en fuerza y corpulencia con los dos años más de edad. Aparentaba ser tan torpe y tosco como siempre.
—Señorita Cathy —interrump×. Pronto hará tres horas, y no una, que salimos. Realmente tenemos que volver.
—No, ese hombre no es mi hijo —contestó Heathcliff echándome a un lado—. Pero tengo uno al que también ha visto antes y, aunque su ama tiene prisa, creo que tanto a usted como a ella les vendrÃa bien descansar un poco. Si quiere, con dar la vuelta a ese montÃculo de brezos estará en mi casa. Tendrá una amable acogida y llegará antes a casa gracias al descanso.
Susurré a Catherine que no debÃa, bajo ningún concepto, acceder a aquella invitación. Era totalmente improcedente.
—¿Por qué? —preguntó en voz alta—. Estoy cansada de correr y el suelo está cubierto de rocÃo, no puedo sentarme aquÃ. Vayamos, Ellen. Además dice que he visto a su hijo. Creo que está equivocado, pero me imagino dónde vive, en la granja que visité viniendo del Risco de Penistone, ¿verdad?