Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —No sabÃa que hubiera escuchas —murmuró el villano al verse descubierto—. Mi buena señora Dean, te aprecio, pero no me gusta tu doblez —añadió en voz alta—. ¿Cómo puedes mentir tan descaradamente afirmando que odio a la «pobre niña», e inventar historias de miedo para alejarla, aterrorizada, de mi casa? Catherine Linton (el solo nombre me enardece), mi guapa jovencita, estaré fuera de casa toda la semana, vaya a ver si no he dicho la verdad. ¡Hágalo, sea buena! ImagÃnese a su padre en mi lugar y a Linton en el suyo, y luego piense qué opinión le merecerÃa su despreocupado novio si se negara a dar un paso para consolarla, cuando su propio padre se lo pide. No caiga, por pura estupidez, en el mismo error. ¡Juro por mi salvación que se va a la tumba y sólo usted puede salvarle!
La cerradura cedió y salÃ.
—Juro que Linton se está muriendo —repitió Heathcliff mirandome con dureza—. Y el dolor y la desilusión aceleran su muerte. Nelly, si no quieres dejarla ir a ella, ve tú misma. No volveré hasta dentro de una semana, y creo que tu amo difÃcilmente se opondrÃa a que visitara a su primo.
—Entre —dije yo, cogiendo a Catherine por el brazo y medio forzándola a que entrara, pues se demoraba mirando con ojos inquietos las facciones de su interlocutor, demasiado serias como para expresar su falsedad interior.