Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —No muchos —respondió Linton—. Pero va a los páramos con frecuencia, desde que empezó la temporada de caza y podrÃas pasar una hora o dos conmigo en su ausencia. Di que vendrás. Creo que contigo no estarÃa de mal humor. Tú no me provocarÃas y estarÃas siempre dispuesta a ayudarme, ¿verdad?
—Sà —dijo Catherine, acariciándole el pelo largo y suave—. Si papá me diera su permiso, pasarÃa la mitad del tiempo contigo. ¡Querido Linton, ojalá fueras mi hermano!
—¿Y entonces me querrÃas tanto como a tu padre? —observó él más alegre—. Pero papá dice que me amarÃas más que a él y que a nadie en el mundo si fueras mi esposa, asà que preferirÃa que lo fueras.
—No, yo nunca amaré a nadie más que a papá —replicó con gravedad—. Y a veces hay gente que odia a sus mujeres, pero no a sus hermanas o hermanos. Si tú lo fueras vivirÃas con nosotros y papá te querrÃa a ti tanto como a mÃ.
Linton negó que la gente odiara a sus mujeres. Pero Cathy afirmó que sÃ, y que por lo que ella sabÃa, puso como ejemplo la aversión de su padre por la tÃa Isabella. Intenté detener su insolente lengua, sin conseguirlo, hasta que lo soltó todo. El señorito Heathcliff, muy irritado, aseguró que el relato era falso.
—Papá me lo contó y él no dice mentiras —contestó ella descaradamente.