Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡Mi papá desprecia al tuyo! —exclamó Linton—. ¡Le llama estúpido cobardica!
—El tuyo es un malvado —replicó Catherine—, y tú eres muy malo por atreverte a repetir lo que él dice. Tiene que ser muy malvado para hacer que la tÃa Isabella le dejara como lo hizo.
—Ella no le dejó —dijo el chico—. No me vas a contradecir.
—¡SÃ, le dejó! —exclamó mi señorita.
—Bueno, pues te diré algo —dijo Linton—: tu madre odiaba a tu padre ¿Qué dices ahora?
—¡Oh! —exclamó Catherine demasiado furiosa para continuar.
—¡Y amaba al mÃo! —añadió él.
—¡Mentiroso! Ahora te odio —jadeó y la cara se le puso roja de ira.
—¡Le amaba! ¡Le amaba! —insistió Linton, hundiéndose en el fondo de su sillón y echando atrás la cabeza para disfrutar de la agitación de su contrincante que estaba de pie detrás de él.
—¡Silencio, señorito Heathcliff! —dije—. Supongo que ésa es también otra historia de su padre.
—No lo es. ¡Cállate la boca! —respondió—. ¡Le amaba, le amaba, Catherine, le amaba, le amaba!