Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Sà —respondió—, porque siempre se quejaba muchÃsimo de sus sufrimientos, ya sabes. No está muy bien, como ha dicho que le diga a papá, pero es muy probable que esté mejor.
—En eso mi opinión difiere de la suya, señorita Catherine —observé—. Yo supondrÃa que está mucho peor.
Entonces Linton se despertó sobresaltado de su sueño con desconcertado terror y preguntó si alguien habÃa voceado su nombre.
—No —dijo Catherine—, a no ser en sueños. No me cabe en la cabeza cómo puedes dormitar al aire libre por la mañana.
—Creà haber oÃdo a mi padre —jadeó, mirando la hosca cima sobre nosotros—. ¿Estás segura de que no habló nadie?
—Completamente segura —respondió su prima—. Sólo Ellen y yo discutÃamos sobre tu salud. Linton, ¿estás realmente más fuerte que cuando nos separamos en invierno? Si lo estás, con seguridad hay algo que no es más fuerte… tu afecto hacia mÃ. Habla. ¿Lo estás?
Las lágrimas brotaron de los ojos de Linton mientras respondÃa:
—¡SÃ, sÃ, lo estoy!
Y, aún bajo el hechizo de la imaginaria voz, su mirada vagó arriba y abajo para detectar a su propietario. Cathy se levantó.