Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Por hoy tenemos que marcharnos —dijo—. No te ocultaré que me he quedado tristemente decepcionada con nuestro encuentro, aunque no se lo mencionaré a nadie más que a ti, y no porque le tenga miedo al señor Heathcliff.
—¡Calla! —murmuró Lintonj—. ¡Silencio, por Dios! Él se acerca —y se agarró al brazo de Catherine luchando por detenerla, pero ante ese anuncio, ella se desprendió precipitadamente y silbó a Minny que la obedeció como un perro:
—Estaré aquà el próximo jueves —gritó saltando a la silla—. Adiós. ¡Deprisa, Ellen!
Y asà le dejamos, apenas consciente de nuestra partida, tan absorto estaba en anticipar la llegada de su padre.
Antes de que llegara a casa, el enojo de Catherine se suavizó en una desconcertada sensación de lástima y remordimiento, mezclada en gran parte con vagas e inquietantes dudas respecto de las circunstancias actuales, fÃsicas y sociales, de Linton, algo que yo compartÃa, aunque le aconsejé que no dijera mucho, pues un segundo paseo nos permitirÃa juzgar mejor. Mi amo nos pidió un relato de nuestra excursión. El agradecimiento de su sobrino le fue debidamente transmitido, refiriendo la señorita Cathy lo demás muy por encima. Yo también añadà poca luz a sus preguntas, porque apenas sabÃa qué ocultar y qué revelar.