Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Un golpe en el pecho me hizo callar. Soy corpulenta y pronto pierdo el aliento, asà que debido a eso y a la rabia, retrocedà tambaleándome mareada, con la sensación de estar a punto de ahogarme o de que se me rompiera una vena. La escena duró dos minutos. Catherine, liberada, se llevó las manos a las sienes, y parecÃa como si no estuviera segura de conservar las orejas. Temblaba como un junco, pobre criatura, y se apoyó contra la mesa completamente aturdida.
—Ya ves que sé cómo castigar a los niños —dijo con severidad el sinvergüenza, mientras se agachaba para adueñarse de nuevo de la llave que se habÃa caÃdo al suelo—. Ahora vete con Linton como te dije, ¡y llora a gusto! Seré tu padre mañana —el único padre que tendrás dentro de pocos dÃas—, y recibirás cantidad de bofetadas. Puedes aguantar muchas, tú no eres enclenque. ¡Tendrás tu ración diaria si vuelvo a ver en tus ojos ese genio del diablo!
Cathy corrió hacia mà en lugar de hacia Linton, se arrodilló y puso la ardiente mejilla en mi regazo, llorando a gritos. Su primo se habÃa retirado a un rincón del escaño, tan quieto como un ratón, felicitándose, dirÃa yo, de que el castigo hubiera caÃdo sobre otro y no sobre él. El señor Heathcliff, viendo que estábamos todos desconcertados, se levantó y rápidamente hizo el té él mismo. Las tazas y los platillos estaban ya puestos. Lo sirvió y me dio una taza: