Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¿Qué quiere decir hablándome a mà de este modo? —tronó Heathcliff con vehemencia salvaje—. ¿Cómo… cómo se atreve bajo mi techo? ¡Dios! ¡Está loco para hablar asÃ! —y se golpeó la frente con rabia.
No sabÃa si ofenderme por este lenguaje o continuar mi explicación, pero parecÃa tan profundamente afectado que me dio pena y continué con mis sueños, asegurando que no habÃa oÃdo nunca el nombre de Catherine Linton, pero que, leyéndolo una y otra vez, me produjo la impresión de que se personificaba cuando yo ya no tenÃa mi imaginación bajo control. Heathcliff se fue retirando dentro del refugio de la cama mientras yo hablaba, hasta que al fin se sentó, casi oculto atrás. Me imaginé, sin embargo, por su respiración irregular y entrecortada, que estaba luchando por dominar un exceso de emociones violentas. Como no querÃa hacerle ver que me habÃa dado cuenta de su conflicto, continué arreglándome haciendo bastante ruido, miré el reloj y hablé a solas sobre lo larga que se me habÃa hecho la noche:
—¡No son ni las tres! Hubiera jurado que eran las seis. El tiempo se eterniza aquÃ. Seguramente debimos de retirarnos a descansar a las ocho.