Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Me gustarÃa, Ellen, que mi sobrino escribiera o viniera. Dime sinceramente qué piensas de él. ¿Ha cambiado para mejor, o hay esperanzas de mejorÃa, a medida que se hace un hombre?
—Está muy delicado, señor —respond×, y es poco probable que llegue a adulto. Pero lo que puedo asegurarle es que no se parece a su padre y, si la señorita Catherine tuviera la desgracia de casarse con él, le dominarÃa, a menos que ella fuera excesiva y estúpidamente condescendiente. No obstante, señor, tendrá mucho tiempo para conocerlo y ver si le conviene a ella, pues le faltan más de cuatro años para ser mayor de edad.
Edgar suspiró, se acercó a la ventana, y miró hacia la iglesia de Gimmerton. Era una tarde brumosa, pero brillaba el sol de febrero tenuemente y podÃamos distinguir los dos abetos del cementerio y las dispersas losas sepulcrales.