Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —ConfÃela a Dios tal como están las cosas, señor —respond×, y si le perdiéramos a usted —que Él no lo permita—, bajo Su providencia, yo seré su amiga y consejera hasta el final. La señorita Catherine es una buena chica. No temo que vaya a hacer nada malo deliberadamente, y los que cumplen con su deber son siempre recompensados al final.
La primavera avanzó, pero mi amo no recuperó verdaderamente las fuerzas, aunque reanudó sus paseos por la finca con su hija. Para sus inexpertas nociones, eso era de por sà una señal de convalecencia, y como además con frecuencia se le encendÃan las mejillas y le brillaban los ojos, Catherine estaba segura de su recuperación. El dÃa que ella cumplió los diecisiete años él no visitó el cementerio. Estaba lloviendo y le comenté:
—¿No irá a salir usted esta noche, señor?
Me respondió:
—No, este año lo retrasaré un poco más.