Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Vaya, señorito Linton, no está usted como para disfrutar de un paseo esta mañana. ¡Qué mal aspecto tiene!
Catherine le miró con pena y asombro, cambió la exclamación de alegrÃa en sus labios por una de alarma y las felicitaciones ante un encuentro tan pospuesto por una angustiada pregunta de si se encontraba peor que de costumbre.
—¡No… mejor… mejor! —jadeó, temblando y reteniéndole la mano como si necesitara su apoyo, mientras sus enormes ojos azules la miraban tÃmidamente y las ojeras que los rodeaban convertÃan en extenuado furor la lánguida expresión que en otro tiempo poseÃan.
—Pero has estado peor —insistió su prima—, peor que la última vez que te vi. Estás más delgado y…
—Estoy cansado —interrumpió apresuradamente—. Hace demasiado calor para andar, descansemos aquÃ. Y por la mañana a menudo me encuentro mal… papá dice que crezco muy deprisa.
No muy satisfecha, Cathy se sentó y él se reclinó a su lado.