Cumbres Borrascosas

Cumbres Borrascosas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPÍTULO XXVI

Ya había pasado lo mejor del verano cuando Edgar cedió de mala gana a sus súplicas y Catherine y yo partimos en nuestro primer paseo para encontrarse con su primo. Era un día cerrado, sofocante, desprovisto de sol, pero con un cielo demasiado moteado y brumoso para amenazar lluvia. Nuestro lugar de encuentro había quedado establecido en el pilar de guía en el cruce de caminos. Al llegar allí, sin embargo, un pastorcillo, despachado como mensajero, nos dijo que el señorito Linton estaba a este lado de las Cumbres y que nos agradecería mucho que siguiéramos un poco más.

—En ese caso el señorito Linton —observé— ha olvidado la primera condición de su tío. Nos mandó que nos quedáramos en terreno de la Granja y ahí estamos ya fuera.

—Bueno, daremos la vuelta con nuestros caballos cuando lleguemos a donde está —respondió mi compañera—, y nuestra excursión quedara en dirección a casa.

Pero cuando le alcanzamos, y fue casi a un a cuarto de milla de la puerta de su casa, nos encontramos con que no tenía caballo y tuvimos que descabalgar y dejar a los nuestros que pastaran. Estaba tumbado en el brezo, esperando a que nos acercáramos y no se levantó hasta que estuvimos a muy pocas yardas. Entonces caminó con tanta debilidad y parecía tan pálido que inmediatamente exclamé:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker