Cumbres Borrascosas

Cumbres Borrascosas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El señor Heathcliff hizo una pausa y se secó la frente. Tenía el pelo pegado, mojado de sudor; los ojos fijos en las rojas brasas del fuego; las cejas, no contraídas, sino levantadas junto a las sienes, disminuían el sombrío aspecto de su rostro, pero le daban un aire peculiar de disgusto y una penosa apariencia de tensión mental respecto de un objeto absorbente. Se dirigía a mí sólo a medias, y yo guardaba silencio. ¡No me gustaba oírle hablar! Tras una breve pausa reanudó su meditación sobre el retrato. Lo descolgó y lo apoyó contra el sofá para contemplarlo mejor, y mientras estaba ocupado en eso, entró Catherine anunciando que estaba lista para cuando hubieran ensillado su poni.

—Envíame eso mañana —me dijo Heathcliff y luego, volviéndose hacia ella, añadió—: puedes arreglártelas sin tu jaca, hace una buena noche, y no necesitas ningún poni en Cumbre Borrascosas, para los viajes que vas a hacer te servirán los pies. Vamos.

—¡Adiós, Ellen! —susurró mi querida señorita. Cuando me besó tenía los labios como el hielo—. Ven a verme, Ellen, no te olvides.

—¡Cuídate de hacer nada semejante, Ellen Dean! —dijo su nuevo padre—. Cuando quiera hablar contigo vendré aquí. No necesito que vengas a fisgonear a mi casa.

Le hizo una señal de que fuera delante y, echándome una mirada que me partió el corazón, obedeció.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker