Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡Silencio! —dijo el rufián—. ¡Al diablo con vuestros clamores! No necesito vuestras palabras. Señorita Linton, yo disfrutaré lo indecible pensando que tu padre está triste. No dormiré de satisfacción. No podrÃas haber encontrado nada más satisfactorio para fijar tu residencia bajo mi techo las próximas veinticuatro horas que informarme de que iba a ocurrir eso. En cuanto a tu promesa de casarte con Linton, ya me cuidaré yo de que la mantengas, porque no saldrás de aquà sin haberla cumplido.
—¡Mande, entonces, a Ellen para informar a papá de que estoy bien! —exclamó Catherine, llorando amargamente—. O cáseme ahora. ¡Pobre papá! Ellen, creerá que nos hemos perdido. ¿Qué hacemos?