Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡Él no, de ningún modo! Creerá que te has cansado de cuidarle y te has escapado a divertirte un poco —respondió Heathcliff—. No puedes negar que entraste en mi casa por tu propia voluntad, despreciando sus órdenes de hacer lo contrario. Y es muy natural que desearas divertirte a tu edad y que te cansaras de cuidar a un enfermo, y más cuando ese enfermo sólo es tu padre. Catherine, sus dÃas más felices se habÃan acabado cuando empezaron los tuyos. Me atreverÃa a decir que te maldijo cuando viniste al mundo (yo al menos lo hice), y darÃa lo mismo que te maldijera cuando se marchara. Yo me unirÃa a él. ¡No te quiero! ¿Por qué iba a quererte? Llora, llora. Que yo sepa, ésta será tu principal diversión de aquà en adelante, a menos que Linton te compense por otras pérdidas, y parece que tu providente padre se figura que puede hacerlo. Sus cartas de consejo y consuelo me divertÃan muchÃsimo. En la última recomendaba a mi joya que cuidara de la suya y que fuera amable con ella cuando se casaran. Cuidadoso amable… ¡qué paternal! Pero Linton necesita toda su provisión de cuidado y amabilidad para él. Puede hacer bien el papel de pequeño tirano. Se dedicarÃa a torturar a cualquier cantidad de gatos, con tal de que les hubieran sacado los dientes y cortado las uñas. Podrás contarle a su tÃo bonitas historias de su amabilidad cuando vuelvas a casa, te lo aseguro.