Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Está en el patio —respondió—, hablando con el doctor Kenneth, quien dice que el tÃo se está muriendo de verdad al fin. Estoy contento porque seré el amo de la Granja después de él… y Catherine siempre hablaba de ella como su casa. ¡No es suya! Es mÃa. Papá dice que todo lo que tiene es mÃo. Todos sus bonitos libros son mÃos. Prometió regalármelos y sus preciosos pájaros y su poni Minny si yo conseguÃa la llave de nuestra habitación y la dejaba salir, pero le dije que no tenÃa nada que darme, que eran todos, todos mÃos. Entonces lloró y se quitó un medallón del cuello y dijo que me lo darÃa. Dos retratos en un estuche de oro, a un lado su madre y al otro el tÃo, cuando eran jóvenes. Eso fue ayer… y le dije que eran mÃos también y traté de cogérselos. La malévola criatura no me dejaba. Me empujó y me hizo daño. Chillé —eso la aterra—, oyó venir a papá y rompió las bisagras y dividió el estuche y me dio el retrato de su madre, el otro intentó esconderlo, pero papá preguntó qué pasaba y se lo expliqué. Me quitó el que yo tenÃa y le ordenó que me entregara el suyo. Se negó y él… la tiró al suelo y lo arrancó de la cadena y lo aplastó con el pie.
—¿Y a usted le gustaba ver cómo le pegaba? —le pregunté, pues mi plan consistÃa en animarle a hablar.