Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Un repentino impulso de visitar la Granja de los Tordos se apoderó de mÃ. Apenas era mediodÃa y me imaginé que lo mismo podÃa pasar la noche bajo mi propio techo que en una posada. Además podÃa fácilmente dedicar un dÃa a arreglar asuntos con mi propietario y asà ahorrarme la molestia de venir de nuevo a la vecindad. Después de descansar un rato, indiqué a mi criado que preguntara el camino del pueblo y, con gran fatiga para nuestros caballos, salvamos la distancia en unas tres horas.
Le dejé allà y seguà valle abajo solo. La iglesia gris parecÃa más gris y el solitario cementerio más solitario. Divisé una oveja pastando la corta hierba sobre las tumbas. El tiempo era suave, cálido… demasiado cálido para viajar, pero el calor no me impedÃa disfrutar del delicioso paisaje que se extendÃa por encima y por abajo. Si lo hubiera visto en una época más próxima a agosto, estoy seguro que me hubiera tentado a desperdiciar un mes entre sus soledades. En invierno nada más triste, en verano nada más divino que esos valles cerrados por colinas y esas escarpadas, audaces crestas de brezo.