Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡Oh! Es Green —me dije, recordando… sólo puede ser Greeny continué, pensando mandar a alguien a que abriera, pero la llamada se repitió, no fuerte, pero aún insistente. Puse el jarro en el pasamanos y me apresuré a abrirle yo misma. La luna llena de septiembre brillaba en el exterior. No era el abogado. Mi querida y dulce señorita me saltó al cuello sollozando.
—¡Ellen! ¡Ellen! ¿Está papá vivo?
—¡Sà —exclamé—, sÃ, ángel mÃo, sÃ! ¡Gracias a Dios que estás a salvo con nosotros de nuevo!
QuerÃa subir corriendo, sin aliento como estaba, a la habitación de su padre, pero la obligué a sentarse en una silla, le hice beber, le lavé la pálida cara, frotándola con mi delantal para sacarle un poco de color. Luego le dije que debÃa entrar yo primero para anunciarle su llegada, y le rogué que le dijera que iba a ser feliz con el joven Heathcliff. Se me quedó mirando sorprendida, pero pronto comprendió por qué le aconsejaba proferir aquella mentira y me aseguró que no se quejarÃa.