Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Cathy le amenazó con que su biblioteca pagaría por la de ella y, sonriendo según pasaba junto a Hareton, subió cantando, con el corazón más alegre, me aventuraría a decir, que había tenido jamás bajo ese techo, excepto, quizá, durante sus primeras visitas a Linton.
La intimidad, así comenzada, creció rápidamente, aunque tropezó con interrupciones temporales. Earnshaw no se iba a civilizar con un deseo y mi señorita no era ningún filósofo, ni dechado de paciencia. Pero como las mentes de ambos tendían a un mismo objetivo… el uno amando y deseando apreciar el otro amando y deseando ser apreciado… al final se las arreglaron para alcanzarlo.
Ya ve, señor Lockwood, que era fácil ganarse el corazón de la señora Heathcliff. Pero ahora me alegro de que usted no lo intentara. La unión de ellos dos será el colmo de todos mis deseos. El día de su boda no envidiaré a nadie. ¡No habrá mujer más feliz que yo en toda Inglaterra!