Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas »Cómo se las arreglaron juntos, no lo sé. Me figuro que él estaría muy inquieto y gemiría noche y día y que ella tendría bien poco descanso, como se podía suponer por su palidez y sus ojos adormilados. A veces entraba en la cocina, toda desesperada, y parecía como si deseara pedir ayuda, pero yo no iba a desobedecer al amo. Nunca me atrevo a desobedecerle, señora Dean, y aunque pensaba que estaba mal que no se mandara a buscar a Kenneth, no era asunto mío ni aconsejar, ni quejarme, y siempre me negué a entrometerme. Una o dos veces, después de ir a acostarnos, volví casualmente a abrir mi puerta y la vi sentada llorando, en lo alto de la escalera, y entonces volví a encerrarme rápidamente, por miedo a sentirme inclinada a interferir. Desde luego que me dio lástima entonces, estoy segura, pero no quería perder mi empleo, ya sabe.
»Al fin una noche entró decidida en mi alcoba y me dio un susto de muerte, diciendo:
»—Dile al señor Heathcliff que su hijo se está muriendo… esta vez estoy segura. Levántate ahora mismo y díselo.
»Después de pronunciar esas palabras volvió a desaparecer. Seguí acostada un cuarto de hora escuchando y temblando. Nada se movía… la casa estaba en silencio.