Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas »Se ha equivocado —dije para m×. Se ha repuesto. No tengo por qué molestarles. Y empecé a adormilarme, pero mi sueño fue interrumpido por segunda vez por un fuerte campanillazo… la única campanilla que tenÃamos, puesta expresamente para Linton y el amo me llamó para que fuera a ver lo que pasaba y que les informara de que no querÃa volver a oÃr aquel ruido.
»Le di el recado de Catherine. Maldijo para sà y a los pocos minutos salió con una vela encendida y se dirigió a la habitación del matrimonio. Le seguÃ. La señora Linton estaba sentada al lado de la cama con las manos puestas sobre las rodillas. Su suegro se acercó, iluminó la cara de Linton, le miró, le tocó, y luego se volvió hacia ella.
»—Bueno… Catherine —dijo—, ¿cómo te encuentras?
»Ella se quedó muda.
»—¿Cómo te encuentras, Catherine? —repitió.
»—Él está a salvo y yo soy libre —respondió ella—. DeberÃa encontrarme bien, pero —continuó con una amargura que no podÃa ocultar— ¡usted me ha dejado luchar tanto tiempo sola contra la muerte que no veo ni siento más que muerte! ¡Me siento como muerta!