Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Siguió una pausa. Temà que no fuera chismosa, salvo para sus propios asuntos, que a mà difÃcilmente podÃan interesarme. Sin embargo, después de reflexionar un rato, con un puño en cada rodilla una sombra de meditación en el rubicundo semblante, Y exclamó:
—¡Ah, los tiempos han cambiado mucho desde entonces!
—Sà —observé—, supongo que habrá visto muchos cambios.
—SÃ, y muchas desgracias también —respondió.
«Oh, dirigiré la conversación hacia la familia de mi casero —pensé para m×. Un buen tema para empezar… y me gustarÃa conocer la historia de esa guapa jovencita viuda. Si es natural del paÃs o, como es más probable, una exótica, que aquellos hoscos indÃgenas no quieren reconocer como de los suyos». Con esta intención pregunté a la señora Dean por qué Heathcliff alquilaba la Granja de los Tordos y preferÃa vivir en un lugar y una vivienda tan inferiores.
—¿No es bastante rico como para mantener la finca en buen estado? —pregunté.