Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Un vano capricho, me temo, señor —fue mi respuesta—, o si no es un vano capricho el que me va a hacer desaparecer. Partiré para Londres la próxima semana y debo notificarle que no me siento inclinado a mantener la Granja de los Tordos más de los doce meses que acordé alquilarla. Creo que no viviré allà más.
—Oh, vaya. Se ha cansado de estar apartado del mundo, ¿no es as� —dijo él—. Pero si viene a pedirme que no le cobre por una casa que no va a ocupar, su viaje es inútil. Nunca dejo de exigirle a cualquiera lo que me debe.
—No vengo a pedirle nada de eso —exclamé bastante irritado—. Si quiere lo arreglamos ahora mismo —y saqué mi cartera del bolsillo.
—No, no —respondió frÃamente—. Dejará bastantes cosas detrás para cubrir sus deudas, si es que no llega a volver. No tengo tanta prisa. Siéntese y coma con nosotros. A un huésped que con seguridad no va a repetir la visita se le puede dar una buena acogida. Catherine, trae las cosas. ¿Dónde andas?
Catherine reapareció trayendo una bandeja con tenedores y cuchillos.
—Puedes comer con Joseph —le dijo aparte Heathcliff—, y quédate en la cocina hasta que se haya ido.