Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas La tenía cogida por el pelo. Hareton intentó liberar los rizos, pidiéndole que no le hiciera daño por esa vez. Sus ojos negros llameaban. Parecía dispuesto a despedazar a Catherine y a mí me tenía tan fuera de quicio como para arriesgarme a ir en su ayuda, cuando de repente sus dedos se relajaron. Cambió su garra de la cabeza al brazo y la miró fijamente a la cara. Luego se llevó la mano a los ojos, se quedó quieto un momento para reponerse al parecer y, volviéndose de nuevo a Catherine, dijo con pretendida calma:
—¡Tienes que aprender a evitar que monte en cólera o un día te mataré! Vete con la señora Dean, quédate con ella y limita tus insolencias a sus oídos. ¡En cuanto a Hareton Earnshaw, si le veo escucharte, le mandaré a buscarse el pan donde pueda encontrarlo! Tu amor le convertirá en un marginado y un mendigo. Nelly, llévatela. ¡Y dejadme todos! ¡Dejadme!
Llevé fuera a mi señorita. Estaba demasiado contenta con escapar como para resistirse. El otro la siguió y el señor Heathcliff tuvo la habitación para él sólo hasta la comida. Yo había aconsejado a Catherine que comiera arriba, pero en cuanto notó su sitio vacío me mandó a llamarla. No habló con ninguno de nosotros, comió muy poco y después se marchó inmediatamente, insinuando que no volvería antes de la noche.