Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas El amo pareció confuso un momento. Se puso pálido y se levantó, mirándola todo el rato con una expresión de odio mortal.
—Si me pega, Hareton le pegará a usted —dijo ella—, asà que vale más que se siente.
—Si Hareton no te echa de la habitación, le pegaré hasta mandarle al infierno —tronó Heathcliff—. ¡Condenada bruja! ¿Te atreves a intentar levantarle contra mÃ! ¡Fuera con ella! ¿OÃs? ¡Echadla a la cocina! ¡Ellen Dean, la mataré si dejas que se vuelva a presentar ante mi vista!
Hareton intentó, en voz baja, convencerla de que se fuera.
—¡Sácala a rastras! —gritó como un salvaje—. ¿Os quedáis a charlar? —y se acercó para ejecutar sus propias órdenes.
—No le obedecerá más, malvado —dijo Catherine—, y pronto le detestará tanto como yo.
—¡Calla, calla! —murmuró el joven en tono de reproche—. No quiero que le hables asÃ. Basta.
—¿No le dejaras que me pegue? —gritó ella.
—Vamos, entonces —le susurró con impaciencia.
Era demasiado tarde. Heathcliff la habÃa cogido.
—¡Ahora tú vete! —le dijo a Earnshaw—. ¡Maldita bruja! Esta vez me ha provocado cuando no podÃa aguantarlo. ¡Haré que se arrepienta para siempre!