Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Mi ama de llaves y sus satélites salieron a recibirme, exclamando tumultuosamente que me habían dado por muerto. Todos imaginaban que había perecido la noche anterior, y estaban pensando cómo emprender la busca de mis restos. Les pedí que se tranquilizaran, ahora que me veían de vuelta y, entumecido hasta los huesos, subí arrastrándome al piso de arriba. Allí, después de ponerme ropa seca y de pasear de arriba a abajo durante treinta o cuarenta minutos para recuperar el calor animal, he pasado a mi estudio, débil como un gatito, casi demasiado para poder disfrutar del fuego acogedor y del café humeante que ha preparado la criada para reconfortarme.