Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡Fuera de aquÃ, perro! —gritó Hindley, amenazándole con una pesa de hierro que se usaba para pesar patatas y heno.
—TÃrala —replicó el otro quedándose inmóvil—, y entonces le contaré que te has jactado de que me vas a echar de casa en cuanto él se muera, y verás si no te echa a ti inmediatamente.
Hindley se la tiró, le dio en el pecho y le hizo caer, pero enseguida se levantó tambaleándose, sin aliento y pálido y, si yo no lo hubiera evitado, se habrÃa ido a su amo y conseguido plena venganza, dejando que su estado hablara por él, insinuando quién se lo habÃa causado.
—¡Pues coge mi potro, gitano! —dijo el joven Earnshaw—, y ojalá te rompa la crisma. ¡Llévatelo y maldito seas, intruso miserable! Sácale a mi padre todo lo que tiene, y después, le muestras lo que eres, hijo de Satanás. ¡Llévatelo, espero que de una coz te salte los sesos!