Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Prosiguió con su tarea sin tan siquiera volver la cabeza hacia mÃ.
—Vamos, ¿vienes? —continué—, hay un pastelito para cada uno de vosotros, lo suficiente, y tú necesitarás media hora para arreglarte.
Esperé cinco minutos, pero al no conseguir respuesta le dejé. Catherine cenó con su hermano y su cuñada, Joseph y yo compartimos una comida desabrida, sazonada con reproches de una parte e impertinencias de la otra. Su pastel y su queso quedaron sobre la mesa toda la noche. Se las arregló para seguir trabajando hasta las nueve, y luego se marchó, mudo y terco, a su habitación. Catherine estuvo levantada hasta tarde, pues tenÃa un montón de cosas que preparar para la recepción de sus nuevos amigos. Vino una vez a la cocina para hablar con su viejo amigo, pero se habÃa ido, y ella se quedó sólo a preguntar qué le pasaba y se volvió a marchar. Por la mañana Heathcliff se levantó temprano y, como era dÃa de fiesta, se fue con su mal humor a los páramos y no reapareció hasta que la familia habÃa salido para la iglesia. El ayuno y la reflexión parece que le habÃan traÃdo mejor humor. Estuvo rondando a mi alrededor un rato y, armándose de valor, exclamó de repente:
—Nelly, ponme decente, voy a ser bueno.