Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Ya era hora, Heathcliff —le dije yo—. Has ofendido a Catherine. Yo dirÃa que hasta siente el haber venido a casa. Parece como si la envidiaras porque la consideran más que a ti.
La idea de envidiar a Catherine era incomprensible para él, pero la de disgustarla la entendÃa perfectamente.
—¿Dijo que se habÃa apenado? —preguntó, con aspecto muy serio.
—Lloró cuando le dije que te habÃas vuelto a marchar esta mañana.
—Bien, yo lloré anoche —respondió—, y tenÃa más motivos para llorar que ella.
—SÃ, tenÃas motivos para irte a la cama con el corazón orgulloso y el estómago vacÃo —le respond×. Las personas orgullosas no hacen más que atormentarse a sà mismas. Pero si es que estás avergonzado de tu susceptibilidad tienes que pedirle perdón, fÃjate, cuando vuelva. Tienes que acercarte, ofrecerle un beso, y decirle… tú sabes mejor qué decirle, sólo que hazlo de corazón y no como si creyeras que se ha convertido en una extraña por culpa de su magnÃfico vestido. Y ahora, aunque tengo que preparar la comida, sacaré un poco de tiempo para arreglarte, asà Edgar Linton parecerá un muñeco a tu lado, que es lo que parece. Tú eres más joven, y aun asÃ, asegurarÃa que eres más alto, y el doble de ancho de espaldas, y podrÃas derribarle en un abrir y cerrar de ojos, ¿no lo crees asÃ?