Butcher and Blackbird
Butcher and Blackbird Sin embargo, su última caza había salido terriblemente mal. Ahora estaba atrapada en una celda mugrienta, en algún rincón olvidado de Louisiana. El aire era un caldo pesado de humedad y decadencia, un golpe constante que hacía que cada respiro pareciera una lucha. La celda era apenas más grande que un armario, con paredes de piedra cubiertas de musgo y un suelo pegajoso que parecía vivo. Frente a ella, un cadáver en descomposición. Albert Briscoe, el "Beast of the Bayou", su última presa fallida.
El cuerpo, hinchado y gris, parecía burlarse de ella incluso en la muerte. Maggots salían de una grieta en su abdomen, moviéndose con la parsimonia de quien tiene todo el tiempo del mundo. El hedor era indescriptible, una mezcla de carne podrida, excrementos y desesperación. Sloane, con su cabello enredado y ropa ensangrentada, estaba a punto de perder la poca cordura que le quedaba.
—Estás disfrutando esto, ¿verdad? —murmuró, mirando al cadáver como si esperara una respuesta.
Un sonido la sacó de sus pensamientos: pasos. Por un momento, pensó que el hambre estaba haciendo que alucinara. Pero entonces, una voz resonó en la penumbra, profunda y teñida con un leve acento irlandés:
—Parece que la fiesta ya empezó sin mí.
