Butcher and Blackbird
Butcher and Blackbird —No necesito ayuda —dijo finalmente, con voz ronca por el hambre y la deshidratación.
—Claro que no. —Rowan se puso de pie y retrocedió un paso, fingiendo marcharse. —Pero te aseguro que ese ejército de larvas no va a esperar a que lo pienses mejor.
El movimiento fue instintivo. Sloane se aferró a las barras y gritó:
—Espera.
Rowan se detuvo, sonriendo como si hubiera ganado un premio.
—Sabía que me lo agradecerías.
Con un par de maniobras rápidas, sacó una llave de una cadena que colgaba del cuello de Briscoe y abrió la celda. La ayudó a levantarse, pero mantuvo su mano en la suya un segundo más de lo necesario.
—Vamos, Blackbird —dijo, llamándola por el apodo que apenas había salido en algunos informes policiales. —Tengo hambre, y apuesto a que tú también.
Juntos, salieron de la celda, dejando atrás el cadáver, las larvas y la opresiva oscuridad de ese lugar. En ese instante, Sloane no sabía si Rowan era un enemigo, un aliado o algo peor. Pero sí sabía una cosa: el peligro era innegable, y por primera vez en días, sonrió.