Butcher and Blackbird
Butcher and Blackbird La cena continuó entre bromas cargadas de dobles intenciones y silencios que decían más que cualquier palabra. Cuando finalmente se levantaron para irse, Sloane se dio cuenta de algo aterrador: por primera vez en mucho tiempo, no se sentía sola.
El motel barato donde se alojaban estaba impregnado del olor rancio de cigarrillos y humedad. Las paredes amarillas y descascaradas parecían cerrarse sobre ellos, pero ni Rowan ni Sloane prestaban atención al ambiente deprimente. Su objetivo estaba cerca, un traficante de niños que había operado con impunidad durante años, protegido por su red de corrupción. Esa noche sería la última para él.
Sloane estaba sentada en la cama, desarmando y limpiando su cuchillo favorito con la precisión de un cirujano. Rowan, por su parte, observaba el plano del edificio donde su presa se refugiaba, sus dedos tamborileando sobre la mesa como si marcara un ritmo que solo él podía oír.
—¿Siempre estás tan callado antes de un trabajo? —preguntó Sloane sin mirarlo, rompiendo el silencio que había llenado la habitación.
Rowan alzó la vista, sus ojos verdes encontrando los de ella. —Prefiero concentrarme. No soy de los que hacen discursos motivacionales antes de un asesinato.