El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —Conque me habéis encerrado —dijo bostezando otra vez. Se tumbó, dejó caer la cabeza sobre una almohada, metió el puño debajo, como un niño, y con voz soñolienta, sin rencor ya, añadió—: Está bien…, ya lo pagaréis; yo os he prevenido; allá vosotros… A mà lo que realmente me interesa ahora es Poncio Pilatos… Pilatos… —y cerró los ojos.
—Al baño, solo en la 117, con un guardián —ordenó el médico, poniéndose las gafas. Riujin se estremeció de nuevo. Se abrieron silenciosamente las puertas blancas y apareció un pasillo con luces nocturnas color azul. Por el pasillo traÃan una camilla sobre ruedas de goma. Tendieron en ella a Iván dormido y desaparecieron; las puertas se cerraron detrás de él.
—Doctor —preguntó Riujin, conmovido, en voz baja—, ¿está realmente enfermo?
—Desde luego —respondió el médico.
—¿Y qué tiene? —preguntó tÃmidamente Riujin.
El médico le miró con aire cansino y contestó indolente:
—Alteración motriz y del habla…, interpretaciones delirantes… Parece un caso difÃcil. Tenemos que suponer que sea esquizofrenia y además alcoholismo…
De todo lo que dijo el médico, Riujin entendió tan sólo que lo de Iván Nikoláyevich era algo serio. Y preguntó con un suspiro: