El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —Ah, ¿el de la magia negra? —respondió Rimski—. Ya están los carteles.
—Bien, de acuerdo —dijo Stiopa con voz débil—; bueno, hasta luego entonces…
—¿Va a venir usted pronto? —preguntó Rimski.
—Dentro de media hora —contestó Stiopa; colgó el auricular y se apretó la cabeza, que le abrasaba, entre las manos. Pero ¡qué cosa tan extraña estaba sucediendo! ¿Y qué era de su memoria?
Le resultaba violento permanecer por más tiempo en el vestÃbulo. Elaboró rápidamente un plan a seguir; ocultarÃa por todos los medios su asombrosa falta de memoria y tratarÃa de sonsacar al extranjero sobre lo que pensaba hacer por la tarde en el Varietés, que le estaba encomendado.
Stiopa, de espaldas al teléfono, vio reflejado claramente en el espejo del vestÃbulo, que la perezosa Grunia hacÃa tiempo no limpiaba, la imagen de un tipo muy extraño, alto como un poste telegráfico, con unos impertinentes sobre la nariz (si hubiera estado allà Iván Nikoláyevich, en seguida le hubiera reconocido). El extraño sujeto desapareció rápidamente del espejo. Stiopa, angustiado, recorrió el vestÃbulo con la mirada y sufrió un nuevo sobresalto: esta vez un enorme gato negro pasó por el espejo y también desapareció.
Le daba vueltas la cabeza y se tambaleó.