El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita La noticia de la muerte de Berlioz corrió por la casa a un ritmo sorprendente, y desde las siete de la mañana del jueves Bosói no dejó de recibir llamadas telefónicas y visitas de los aspirantes a la vivienda del difunto. A las dos horas, Nikanor Ivánovich había recibido ya treinta y dos solicitudes.
Solicitudes que contenían súplicas, amenazas, líos, denuncias, promesas de hacer obra en la casa por propia cuenta, alusiones a estar viviendo en una estrechez insoportable; incluso referencias a la imposibilidad de continuar conviviendo con bandidos. Había también una descripción, impresionante por su fuerza plástica, del robo de unos ravioles, expresamente colocados en el bolsillo de una chaqueta; esto había sucedido en el apartamento número 31. Y también había dos promesas de acabar con la propia vida, de suicidarse, y una confesión de embarazo secreto.
Nikanor Ivánovich tenía que salir a menudo al vestíbulo de su piso. Le cogían por un brazo, le susurraban algo al oído y le prometían que no olvidarían la deuda.